martes, 1 de mayo de 2007

Astor Piazzolla - Invierno Porteño

Invierno Porteño es una pieza perteneciente a “Las Cuatro Estaciones Porteñas” de Ástor Piazzolla, compositor y bandoneonísta argentino. Podría llamar a esta obra concierto, siendo una obra escrita, principalmente para un instrumento y orquesta, como “Las Cuatro Estaciones” de Antonio Vivaldi (perteneciente al barroco), obra que sin duda tuvo una fuerte inspiración para Piazzolla, tanto en su forma (concierto) como en su tema (las cuatro estaciones). No obstante, el bandoneón y el ritmo tanguero de la pieza nos dan cuenta de la creación propia de este compositor contemporáneo, creando una rica fusión entre lo docto y lo popular, ligado profundamente a su sentir nacionalista. Él mismo le dio una definición a su música: “es música contemporánea de Buenos Aires”.


La atmósfera en que “Invierno Porteño” envuelve a su receptor es de un invierno a la orilla del mar, melancólico, lleno de recuerdos y sensaciones intensas. Personalmente, imagino un mar crecido, meciéndose constantemente al ritmo el bandoneón, un cielo gris con nubes espesas y una brisa congelante que se presenta a ratos, además de una llovizna incesante que en momentos se convierte en lluvia intensa. Hay una persona que mira ese paisaje, desde una ventana salpicada por las gotas de la lluvia, con nostalgia de lo vivido en el verano y quizá parte del otoño, en ese lugar. Indudablemente, hay un toque romántico en esos pensamientos.

Acerca de los instrumentos utilizados en la pieza, se pueden distinguir cuerdas frotadas, percusión, piano y bandoneón. Aunque este último es el protagonista de la obra, el piano y una de las cuerdas pulsadas, la cual parece ser el cello, también poseen un protagonismo en algunas partes de la obra, dándole al tema principal de esta (la melodía que se repite constantemente) otro color, o timbre.

La forma de la canción es básicamente una sola (A) dividido en dos partes (a y b) que se repite durante toda la pieza y que están unidas por pequeños interludios. Hay un contraste muy marcado entre las repeticiones del tema, que se da por lo bruscos cambios de intensidad (forte y piano), los cambios de timbre (por la variación del instrumento protagonista; solos y con orquesta), y los cambios de tonalidad y dinámica (acelerando, ralentando) y pulso. También hay cambios notorios de matices de articulación (ligado y stacatto) y variaciones melódicas, además de solos de bandoneón, piano y cello respectivamente, el tema interpretado a contrapunto con los demás instrumentos de la orquesta en otras ocasiones, y partes donde los arreglos de voces son paralelos (van al mismo tiempo, con el mismo ritmo y con una cierta lógica melódica similar).

Al realizar una apreciación más profunda, puedo decir que el tema A se repite unas 6 veces, partiendo en la primera como protagonista el bandoneón y el cello cantando la melodía principal a, mientras el bajo le da el ritmo característico del tango, en un paso muy apacible y tranquilo. En la parte b hay un ritmo más vivaz, donde el piano le agrega una atmósfera más alegre (un acelerando). Enseguida hay un quiebre en la secuencia melódica en el sólo- interludio que protagoniza el piano, tocando especies de escalas progresivas, para caer en una melancólica interpretación de la melodía principal (a), acompañado por un dulce fondo de cuerdas; la parte b se presenta violentamente con un cambio de intensidad (un forte), remarcado por percusiones e intervenciones violentas del bandoneón, y aumentando otra vez su aceleración. Va ralentando y da paso otra vez a la melodía principal (a), con un perceptible cambio de tonalidad y ahora siendo el encargado de con el timbre profundo y apasionado del cello, acompañado por el resto de las cuerdas y el bandoleón, quien en el tema b hace algunas intervenciones más bien sincopadas, y le dan un toque más bien arrastrado, a contrapunto. Se vuelve a repetir el tema con toda la orquesta presente, en un forte y entremezclando melodías, a ratos independientes de los distintos instrumentos. Al final, el tema con variaciones se repite una 4 veces como una coda (dos veces más bien forte y rápido, y dos veces más bien mezzoforte, intenso y variando su aceleración). El final dulce, piano y ralentando, como en una cajita musical, es protagonizada por el piano y acompañada muy de fondo por los demás instrumentos.

Hablando de la interpretación de este tema, me parece que es impecable, tanto en la compenetración del grupo (orquesta), como en la interpretación de los instrumentos, en su individualidad. Sin duda, es una pieza muy hermosa, con una riqueza musical increíble, con una variedad de matices impresionante y cargado de adornos (muy propios del barroco), que le dan toda la pasión de un romántico y melancólico “invierno porteño”.

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